sábado, 23 de febrero de 2008

Resucitando el pop.


Shuarma
1º disco: Universo
Colaboraciones: Yeelen, Juan Aguirre, Susú (La media luna), Damián Martínez
Azar Record, 2007

El primer disco del componente de un grupo separado es siempre un regreso esperado con ansia sobre todo por los seguidores del grupo. Las primeras reacciones suelen ser siempre las de aquellos que no han quedado satisfechos, porque alguien que se detiene a dar una segunda oportunidad tarda más en dirimir. Pertenezco al segundo grupo y no me importa en absoluto decir que a veces cuando camino por la calle se me escapa el tarareo de alguna canción del primer disco en solitario de Shuarma, "Universo". Y es que esta nueva faceta renovada del vocalista y alma del grupo Elefantes colma las expectativas de los viejos seguidores fanáticos, entre los que me incluyo, de su antigua banda. El nuevo sonido de Shuarma revive la esencia más profunda del pop español más puro hecho desde el corazón, desde la reflexión llevada a cabo durante la parada profesional que supuso la ruptura del grupo. En este tiempo Shuarma ha sabido consagrar el estilo que hasta ahora solamente llevaba a cabo la banda catalana. Y lo ha hecho además desde el respeto y la fidelidad que le proporciona la mirada al pasado, porque sus raíces más profundas aparecen en cada una de las notas que se escuchan en este disco, si bien hay notables diferencias. "Universo" es un disco de estudio que parece grabado de una sola vez, como si de un directo se tratara, porque todas las canciones tienen un hilo argumental sonoro que las hace inseparables. No está de más comentar que esta es la propuesta más pop de toda la carrera de Shuarma y que si bien no abandona en ningún momento el intimismo de los otros discos, notamos una voz más apasionada y sincera que en anteriores trabajos. Y es que la música de "Universo" parece surgir de la voz de Shuarma con una naturalidad aplastante, porque como él mismo comenta, el disco "está hecho con mucho mimo". No hace falta que nos aclare este matiz porque la armonía de las melodías y el sonido de su voz acoplada a las guitarras solamente ha podido escucharse en sus anteriores conciertos.
La carrera de Shuarma no ha hecho más que empezar y él lo sabe bien, por eso ha querido ofrecer al gran público algo más que su primer disco. Este último trabajo ofrece una cuidada edición en la que cada canción va acompañada de un videoclip, además se incluye un documental y un libreto de 32 páginas. Con esto, consigue que sus seguidores se contenten mientras entienden su pequeño cambio de estilo. Y es que sus letras suenan ahora más que nunca positivas, alegres, vigorizantes, hasta incluso iluminadas por las buenas intenciones puestas en este disco. Pero no sólo la poesía de la composición resalta la activación de su aliento musical, sino que las melodías de cada una de las canciones tienen un sabor algo más elegante y optimista que en las anteriores. Parece que el cambio de aires le ha venido bien al cantante para encontrarse con sus verdaderos intereses y gustos, como proclama con certera pasión en la tercera pista del álbum, "Todo cambia": "cambia el rumbo el caminante/ aunque esto le cause daño/ y así como todo cambia/ que yo cambie no es extraño". La nueva etapa comenzada por el vocalista de Elefantes parece haberse tomado con mucha filosofía por parte del propio interesado, porque este disco deja traslucir que las prisas no han invadido al artista a la hora de desarrollarse en solitario y porque el resultado es un disco muy personal y constructivo.
Desde que le llegara el éxito rotundo con "Azul" y gracias a la producción de Bunbury en aquel álbum, la banda surcó los caminos del pop más equilibrado y dejó de dar tumbos por las discográficas españolas. Ahora, tras la separación del grupo, el alma mater de la misma compone lo que desea y arregla lo que le conviene en sus canciones, porque él es su propio jefe, no hay nadie más. Quizá por ello precisamente Shuarma se ha permitido la libertad de ceder los derechos de autor de "J'habite a l'Eden" a Intermon Oxfam. En esta canción está además acompañado de un grupo de Burkina Faso, Yeleen, y la fusión de ambas culturas musicales resulta bastante gratificante. El uso de la instrumentación típica africana, además de la ya habitual en sus trabajos hace de esta pista una parte muy importante del disco, que define el alma de este disco. Por eso tampoco nos sorprende ya el magistral uso del violín que hace el compositor en "El tiempo puede esperar", tema en el que también participa Juan Aguirre (Amaral). Un disco en definitiva básico en la comprensión del interior de Shuarma, que se define claramente con cada acorde escuchado. El universo de Shuarma más al desnudo que nunca, en la más pura de sus expresiones. Apto para descubrir nuevas sensaciones.

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